La verdad es que no, ya que, desde su victoria electoral y su regreso como presidente de la República Federativa, a diferencia de los otros dos, el tercer mandato de Luis Ignacio Lula da Silva puso a la política exterior de Brasil, por rara vez en su historia, en curso de colisión con EEUU, en momentos históricos donde se define la primacía geopolítica del siglo XXI. Es decir, esas decisiones antecedieron el retorno de Donald Trump, y, por su naturaleza, es posible que sus consecuencias se prolonguen más allá de los actuales mandatos de ambos.
Lo que está ocurriendo es grave, va más allá del caso Bolsonaro y creo que se cruzó con un tema poco entendido en Brasil, pero que tiene que ver con la seguridad nacional en EEUU, cual lo es la salud del dólar. Se ha dicho una y otra vez por Trump, y no solo por él, ya que es oportuno recordar que el propio Biden hizo un humillante viaje a Arabia Saudita para pedirle perdón al rey en ejercicio, el príncipe regente Mohamed Bin Salman, después que lo acusara de asesino por la muerte de un periodista disidente en su embajada en Turquía, viaje que se vio obligado a hacer al anunciarse por el reino que estaría considerando recibir pagos en yuanes por la venta de petróleo, lo que no se concretó al final. Hoy, por hoy, el dólar es un muy principal factor de poder para Washington, ya que es la moneda de ahorro y de comercio del mundo, por sobre el verdadero nivel actual del país.
Oportuno es recordar que, apenas Lula asumió la presidencia de los BRIC, anunció la sustitución del dólar como un objetivo de la mayor importancia, y creo que en Brasil no midieron el impacto de lo que en forma no debatida asumieron. Y al no disponer de ninguna capacidad, decirlo, fue por lo menos, irresponsable. Sin duda, otro Lula, en relación con lo que antes mostró como gobernante.
Es, además, una confrontación que difícilmente puede ganar Brasil, toda vez que el deseo de Lula de transformarse en líder global en este nuevo escenario también puede salir dañado. No hay duda de que el caso de Bolsonaro ha influido y que tiene una carga emocional muy fuerte en la persona de Donald Trump, que ve en el exmandatario no la repetición de los sucesos del 6 de enero en Washington, sino un relato de persecución política, que real o no, tiene una fuerte resonancia en sus partidarios y un impacto emocional en ambos.
Es el sentido de esta columna, debatir lo que a mi juicio está ocurriendo, lo que no se puede explicar solo con el discurso de victimización, que, aunque exista, al igual que la presencia de Bolsonaro, para poder tener solución, hay que apreciar que lo que dificulta todo, es el hecho que somos testigos de decisiones políticas que han alejado a Brasil, no solo de su ubicación tradicional en relaciones exteriores, sino también lo que se le aplaudiera a Lula en sus dos gobiernos anteriores, partiendo por la retórica inoportuna en el momento inadecuado, de llamar en forma irresponsable al reemplazo del dólar.
Es esto lo que marca la diferencia con el pasado, ya que incluso la cercanía con Cuba y el chavismo de sus gobiernos anteriores no es comparable. De hecho, en esa oportunidad, no se registraron contratiempos similares a los actuales, ya que no tuvo consecuencias ni para su liderazgo en la región como tampoco en sus relaciones con EEUU la alianza de Lula con Chávez y esta lograra la supervivencia de la dictadura cubana como también la consolidación del Foro de Sao Paulo.